MISCELÁNEA




LA CESTA DE LAS MUÑECAS


Is. y Em. eran dos niñas de más de dos años que no hablaban. Apenas empezaban a emitir monosílabos llenos de significado (pa, aba-“agiua”, ta-“sabata”), onomatopeyas y repetían algunas palabras de interés como “mama”. No reproducían ninguna forma de lenguaje verbal y apenas se comunicaban con sonidos guturales. Durante las primeras sesiones apenas mejoraron su lenguaje verbal a pesar de comunicar cada día con más precisión.

En una de las sesiones que hice con ellas (y otros niños), sacamos “la cesta de las muñecas”, vestidos, mantitas, cucharitas y platitos de juguete, una bañerita y varias muñecas.
En su mundo silenciado I. y E. descubrieron con entusiasmo aquel primer día, su relación con las muñecas y todo el mundo que rodea el simbolismo de algunos hábitos como vestirlas, darlas de comer, dormirlas, bañarlas. En cada nueva sesión que aparecía la cesta de las muñecas las dos manifiestan un entusiasmo maravilloso, a su manera un universo de expresión que me dejaba bien claro su sentimiento.


En la práctica del juego simbólico, les descubría ensimismadas cada una con su muñeca, su trapito, su cucharita mientras me mantenía de observadora, acompañando en momentos puntuales y estando presente para el resto del grupo. Para ellas yo parecía desaparecer. Excepto cuando después de un rato largo de intentar poner el pantalón en una de aquellas piernecitas de plástico, Em. se acercó y me señaló la ropita y la muñeca. Yo la respondí con una pregunta -“¿ponemos el pantalón?” -“Si (interpreté su gesto afirmativo). Cuando entre las dos lo conseguimos marchó satisfecha a recuperar su lugar de juego. Is. tapaba a su muñeca con la mantita y se tumba a su lado, cerraba los ojos y permanecía un momento “dormida”, cuando se “despiertaba”, recogía la muñeca y cambiaba de escenario en un fluir cotidiano que me cautivó. Quedé maravillada especialmente por la riqueza de matices, la intensidad de su vida  en relación a sus muñecas sin que yo tuviera nada que hacer ni decir. En su mundo aparentemente silenciado mi silencio se hice su mejor cómplice.

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