“Al
pensar en la experiencia de “La Mantita” recuerdo a mi hijo libre para moverse
desde sus primeros meses; como ha ido aprendiendo a darse la vuelta, a
descubrir sus manos, a coger objetos, a levantar la cabeza estando boca abajo,
reptar, sentarse, y ahora a gatear. Poder compartir estos descubrimientos a su
altura, tumbada o sentada junto a él. El acompañamiento de Méme me ha ofrecido
seguridad, comprensión de mis miedos como madre primeriza, también muchos
momentos de ternura compartidos. Poder hablar de las dudas, de estos temores,
en un ambiente muy tranquilo, seguro, armónico. Todo también muy intuitivo y,
sobre todo, confiando en que mi pequeño puede ir aprendiendo a su ritmo, y que
así afianza mucho mejor todos los procesos. Ahora, con el gateo y el comenzar a
ponerse de pie con un apoyo, la mantita ya no está tan presente y estamos
transitando por otras experiencias, pero siempre me queda el recuerdo de ese
espacio para compartir en el suelo con mi hijo y junto con otra mujer con
la que me he sentido acompañada y escuchada”

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